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Navidad. Una época de recibir, pero también de dar

La historia de la Bandeja de Navidad de mi familia.

Cuando era pequeño, mi abuela me contaba sobre Papá Noel. No faltaba una Navidad en la que pasáramos horas junto a la chimenea comentando sobre el señor de traje rojo que reparte regalos a los niños de todo el mundo. Intentando recordar si de verdad me había portado bien todo el año. Si quizás papá Noel se había olvidado ya de aquella vez que me peleé con mi amigo del cole… nervioso por si me traerían todo lo que yo había pedido.

Entre tanto hablar, recuerdo que decía: “Abuela, ¿Papá Noel no estará muy cansando de viajar toda la noche por el mundo?”.  Mi abuela con una sonrisa en el rostro me respondía que seguramente si debía estar muy cansado.

Entonces las dudas seguían viniendo a mi cabeza y surgía una pregunta más: “Abuela, ¿si Papá Noel se cansa mucho antes de llegar a casa no traerá mis regalos?”. Mi abuela moría de risa y me decía: “Seguro que papá Noel vendrá a casa pequeño, pero podemos hacer algo para asegurarnos de que no falte ningún niño por recibir regalos”.

Muy emocionado, me animé de inmediato y pregunté qué teníamos que hacer. La abuela me dijo que dejaríamos a papá Noel una bandeja de navidad con galletitas, agua y quizás alguna zanahoria para los renos. De ese modo, Santa podría descansar un poco y prepararse para seguir viajando toda la noche.

En algún lugar de la cocina, encontramos una bandeja y colocamos algunos frutos secos, polvorones y otras galletitas. También, un vaso de leche y unas zanahorias para los renos. Recuerdo que la colocamos en una pequeña mesa que estaba junto al árbol de Navidad.

¡Estaba tan ansioso por ver a Papá Noel! Quería ver si le gustaba nuestro regalo, si se tomaría el tiempo de parar a descansar, si los renos comerían sus zanahorias… ¡Me negaba a dormir! Ya no me importaban tanto mis regalos, como saber si a papá Noel le gustaría el nuestro… Pero después de tanto esperar, terminé vencido por el sueño.

Al otro día, desperté en mi habitación, un poco desanimado, pensando que de nada había servido la bandeja de navidad con el presente con las galletas para papá Noel, pero me sorprendí al ver algo increíble.

Papá Noel había visitado la casa la noche anterior y no solo eso, ¡también había comido las galletas y bebido la leche! Hasta las zanahorias habían desaparecido. ¡Qué felicidad sentí en aquel momento! Los pensamientos se me agolpaban. Imaginaba si Papá Noel había sonreído a ver la bandeja, o si había tomado todo rápido, o si se había parado a descansar, si las zanahorias habían sido suficientes para todos los renos, o si quizás debí haber puesto algunas más… ¡Tenía mi cabeza abrumada de alegría! Y, de repente, lo recordé: ¡los regalos!  Miré debajo del árbol y ahí estaban todos. ¡Parecían brillar bajo la luz de la mañana!

No recuerdo muy bien qué regalos recibí ese día. Pero lo que sí recuerdo, es que fue, sin duda, la mejor Navidad de toda mi vida. Aunque la abuela ya no está con nosotros y la bandeja ya no exista, ahora que soy padre quiero volver a vivir esos momentos mágicos y especiales con mis hijos.

Este año armaré una bandeja de navidad para papá Noel con mis niños e intentaré comenzar esta hermosa tradición y así poder compartir con ellos y disfrutar de la emoción de dejar un presente para Papá Noel, que les llene de alegría, ilusión, magia, y que los distraiga un poco de la idea de que en navidad solo se reciben regalos.


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